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Una sociedad inactiva no es una sociedad muerta: obligaciones de las sociedades sin actividad

Aunque según algunas voces autorizadas la economía vuelve a despegar, lo cierto es que en los últimos tiempos no han sido pocas las sociedades que han cesado su actividad. En el año 2016, según Iberinform, alrededor de 1 280 000 empresas españolas se encontraban inactivas. Cuando esto sucede, las opciones son limitadas: liquidamos y disolvemos la sociedad o bien la dejamos “dormida”, en previsión de que podamos volver a utilizarla más adelante.

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En el primer caso, una vez resueltos los asuntos burocráticos y legales, ya no habrá más preocupaciones; en el segundo, en caso de apostar por una sociedad inactiva, las cosas pueden no ser tan simples como pudiéramos imaginar y es ahí donde pueden empezar los problemas si no estamos debidamente informados de cuáles son las obligaciones fiscales de una sociedad inactiva.

Lo primero que hay que asumir es que, aunque no se realicen operaciones a través de una sociedad (esto es lo que significa “inactiva”), hay ciertas obligaciones que debemos cumplir. Dicho de otra manera, una sociedad inactiva no deja por sí misma de tener obligaciones y responsabilidades, tanto a nivel fiscal como mercantil. En el ámbito fiscal, estas obligaciones se traducen en la presentación del impuesto de sociedades, aunque al estar inactiva la empresa, no deberá consignar ninguna partida en la cuenta de pérdidas y ganancias. En el ámbito mercantil estaremos obligados a presentar el libro de cuentas de la empresa inactiva. En caso de no realizar estas tareas, los responsables de la sociedad podrían acumular sanciones de hasta 60 000 euros (Texto Refundido de la Ley de Sociedades de Capital, art. 283).

Además, hay que tener en cuenta que si la sociedad mantiene algún elemento inmovilizado deberemos seguir amortizándolo, por lo que se generarán los movimientos contables correspondientes. También están obligadas a aplicar unas normas de valoración concretas que reflejen de manera fiel la situación de la empresa en lo referente a su activo y la cancelación de sus deudas.

 

Entonces ¿debo liquidar mi empresa o dejarla “dormida?

 

Contra toda lógica, cerrar un negocio no es gratis, como tampoco lo es abrirlo, así que debemos sopesar muy bien todas las variables antes de tomar una decisión. Disolver una sociedad conlleva una serie de gastos que varían en función del capital social y del tipo de sociedad, entre los que podríamos señalar el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, la liquidación con el gestor, los trámites en el Registro Mercantil y la escritura de extinción.

No obstante, dejarla dormida, como ya hemos visto, tampoco nos libera de obligaciones y en algunos casos – sobre todo si no tenemos intención de volver a activarla – sólo por la burocracia que suponen los trámites obligatorios para las empresas inactivas ya merecería la pena darle de baja definitivamente.

 

¿Puede una aplicación facilitarme el cumplimiento de obligaciones de sociedades inactivas?

 

Ante las obligaciones a las que están sometidas, es habitual que estas sociedades inactivas sigan contando con los servicios de despachos fiscales y contables que se encarguen de cumplir con estos trámites. Para ellos, Wolters Kluwer ha desarrollado a3ASESOR un software recomendable no solo para despachos de abogados laborales, contables y fiscales, sino también para asesorías o para llevar la fiscalidad del entorno pyme, cuya mayor ventaja es la posibilidad de combinar sus diferentes herramientas en función de las necesidades del despacho o pyme.

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